Mi mundo en la oficina

¡Hola!

hoy J. C. Sánchez viene como autor invitado al blog, con una comedia romántica que transcurre en la oficina.
Espero que te guste 😉


Si me hubieras preguntado en otro momento de mi vida, casi con total seguridad te hubiera contestado que si estabas de broma, y en tono burlón me lo hubiera quitado de encima en pocos segundos.
Ahora la cosa empieza a ser bastante distinta.
¿Estás enamorado? Pensativo, mirando hacia el techo, y después de este año y medio pasado a mis espaldas, creo que sí.
Toda mi vida me he resistido ante ese sentimiento y, sobre todo, ante esa palabra. Lo más seguro es que esta absurda fijación derive del instituto, donde un profesor de ética y filosofía que tuve, en mitad de una conversación de alto calado y profundidad derivó a lo que en teoría era la raíz etimológica de la palabra:
EN-AMOR-MIENTO
¡Ahí lo tienes! ¿Cómo se te queda el cuerpo? Y después de esto, ahora enamórate tú. Pues complicado.

Después de años dedicando mi vida a la compleja empresa de ser una estrella deportiva, decidí colgar las botas y acabar mi carrera de derecho, el Máster en Práctica Jurídica y no sé cuantas cosas más.
Aquí me ves con casi cuarenta años, y comenzando una nueva etapa como becario del departamento jurídico de una empresa con sede en el Paseo de la Castellana, en Madrid.
En resumen, te sientes como los personajes de la película Los Becarios, dónde dos hombres maduros consiguen una beca en el campus de Google, para readaptar sus perfiles laborales.
Básicamente, como un pez fuera del agua.

Erika, fue la primera en atenderme al llegar. Me enseñó la empresa. Me presentó a los compañeros y me mostró como la nueva adquisición de la empresa. 
Aún hoy, sigo siendo el jugador del departamento jurídico.
Rubia, sofisticada, divertida, irónica, hiriente, y eficaz. 
Ella es la jefa en verdad, organiza, planifica y controla la mayor parte de las actividades de la empresa desde su posición de asistente personal del Gran Jefe. De hecho, el jefe no va a mear sin que Erika le diga casi cómo tiene que hacerlo.
Es inalcanzable. Cuando sale de la puerta del despacho, y mira dando un vistazo a la oficina, procuro encontrar cualquier tipo de excusa para levantarme y que su mirada se cruce con la mía. Pero debo ser transparente.

  

Transparente y algo estúpido, porque la mayor parte de las veces nos hemos encontrado en la máquina de las fotocopias, o en el fax, y no recuerdo ni un sólo momento en el cual no se me hayan caído los folios al suelo.

Bueno sí, cuando me apoyé en la repisa dónde se almacenan los folios y el tóner de recambio del fax, tratando de parecer sofisticado para mantener una conversación con ella, y todo se fue al suelo.

Creo recordar que en ese momento deseé que se abriera el suelo bajo mis pies, y el mismo Satanás alargara uno de sus brazos y me llevara con él a sus infiernos. Pero decidió que era mejor que el infierno estuviera en ese mismo lugar en el que vivía.

Erika, siempre crea escuela. Es divertido en cierta manera, ver cómo los modelos con los que desfila ella, van apareciendo dos semanas después por la oficina. Pero no sólo por la oficina, sino por el propio edificio.
Los zapatos, las blusas, los trajes de chaqueta y falda, los peinados.
Es como si de repente Sarah Jessica Parker, en el personaje de Carrie de Sexo en Nueva York, se hubiera transformado en una secretaria de Dirección española.
Esta es Pili de quién hablo más abajo
Rosa, la responsable de compras, no puede con ella. Y es divertido ver como trata de competir con ella. Es un quiero no puedo constante.
Para mí es como estar sentado en mi mesa de pupitre, viendo un partido de tenis, con una pelota entrando y saliendo por la puerta de los distintos despachos.
 
 
– Erika ¿quieres dejar de menear el culo por la oficina, paseando modelito, y decirme dónde he dejado el informe de la operación Mills? –el Gran Jefe.
– Si me dieras el tiempo suficiente para poder ir al gimnasio en lugar de tener que estar diciéndote donde tienes la mano derecha de manera constante, no necesitaría levantarme de cuando en cuando a estirar las piernas. Me está dando el síndrome de la clase turista. Y, por cierto, si sigo así, o pongo un policía que regule la circulación de las mismas, o me las amputo, tu sabrás si quieres tener una secretaria en sillas de ruedas.
¡Es genial! Le mete cada corte al Gran Jefe 🙂

Todos los días procuro llegar antes que ella antes y subirle un café de abajo. El de la cocina de la oficina es horrible. Lo vuelco en su taza, justo un minuto antes que entre por la puerta, para que no se le enfríe y lo pueda tomar como le gusta: con leche, sin azúcar y calentito.

No le he dicho nada. Piensa que es obra de los muchos pelotas que tenemos por la oficina, que buscan, alguno ascender, otros ganarse el favor del jefe para un aumento, y concretamente dos de ellos, llevarse a Erika a la cama.

Me siento, como el adolescente del instituto. Como cuando se acercaba el momento de San Valentín y todos tenían claro, quien iba a recibir carta de su San Valentín, y de quien podría recibir alguna más.
Todos menos yo, claro. Detrás de esas gafas de pasta y el aparato en los dientes, no era demasiado complicado adivinar quien me iba a escribir a mí. Bueno, al final participaba del día escribiéndole las cartas a los demás.

En este caso, no iba a ser menos, y de manera puntual, desde hacía cuatro meses, todos los días al encender el ordenador, Erika, tenía un verso de bienvenida deseándole los buenos días, con una flor de distintos colores en infografía.
Me las ingenié de tal manera que no se pudiera rastrear de dónde venían los mensajes.
Me gusta ver la cara que pone al encender el ordenador y tener su taza humeante de café en las manos. Mira a un lado y otro buscando encontrar su mirada con alguno de los que estaba en la oficina, buscando el remitente misterioso de sus mensajes. Es divertido.
Sentir mariposas en el estómago con taitantos años, es genial. Tener en la cabeza un único pensamiento al levantar y al acostarte. Tener su imagen paseando en esos tacones elegantes por los pasillos de la oficina, su risa en la pequeña cocina, los días en los que se puede relajar unos minutos.

Esta mañana, he decidido dar el paso definitivo e invitarla a cenar en el mensaje que cada mañana le envío puntualmente a las 09:00.
A la hora de la comida, cuando haga su parón habitual, bajaré a la floristería que hay a la salida de la oficina y le diré quien es el que le manda habitualmente los mensajes.
Le entregaré media docena de rosas:
  • dos rojas, símbolo de la pasión
  • dos blancas, símbolo de la pureza de mis sentimientos
  • dos amarillas símbolo de la alegría que me hacen sentir su buen humor y comentarios, y de la felicidad que despierta en mí tan sólo su presencia.
He dejado las mismas ocultas en mi mesa. Me acercaré a la cocina a ver si está allí y esperaré el momento en el que estemos solos dos minutosAbro la puerta y está junto a Pili, riendo ambas.

–  ¿Qué tal? estáis muy divertidas, seguro que contra quien conspiréis lo pasará muy mal.
–  Erika me está diciendo que esta noche tiene una cita muy especial con alguien de la oficina.
–  ¿Ah si? Vaya Erika, triunfando ¡qué callado te lo tenías!
– Pues hombre, sí, para que negártelo, tampoco voy a ir contando por ahí mis cosas ¿no? – ambas comienzan a reír, mientras con un pequeño tenedor degustan sus ensaladas de un pequeño bol.
– Sí, dicho así, tienes razón –Sonrío tratando que no se me note el nerviosismo y el sudor que ahora mismo se apodera de mis manos.
En ese instante, continúan charlando, entre risas dándome la espalda e ignorando por completo mi presencia. Pili deja el tenedor en el bol con descuido y agarrando la mano de Erika le susurra.

–  Espero que me des todos y cada uno de los detalles de lo que pase esta noche, desde el restaurante, hasta las conversaciones, pasando por supuesto por el después. Tu ya me entiendes…
–  Oye, ¿cómo que el después? Yo soy una señorita – dice riendo – esas cosas no se cuentan.
– Puedo aplicarte el tercer grado, y lo sabes. Es prácticamente lo que más me interesa de ese pedazo de hombre. ¡Qué suerte tienes, chica, de verdad!. Guapa, con estilo, independiente, viajando, hablando idiomas y un montón de hombres a tus pies.
– Sí, claro, mira tu esta, el mundo a mis pies … por eso estoy aquí todos lo días aguantando al pelma del Gran jefe, porque tengo una legión de fans en mi puerta clamando a gritos por retirarme. Anda que, tienes unas cosas.
– Alejandro es un bombón Erika. Todo un partidazo, ya lo sabes.
En ese momento sentí como si mi corazón se fuera a romper en mil pedazos. Como si el cielo hubiera decidido empezar a ceder sobre la tierra y ejerciera su asfixiante presión sobre mí hasta aplastarme por completo.

 ¿Alejandro? ¿El vicepresidente? Pero si es gilipollas y apenas sabe hablar. No me fastidies. ¿Cómo que Alejandro? si no es capaz de saber dónde ha guardado la raqueta de pádel en el coche. Es más, no sabe ni cómo se arranca un coche detrás de ese flequillo impostado al viento.
El vaso que tenía en las manos se me cayó al fregadero cortando la conversación que ambas mantenían. Afortunadamente no se rompió, pero el ruido fue suficiente para que ambas se giraran sobre mí.
Absorto aún en mis pensamientos, en lo que acababa de escuchar, y por qué no decirlo con un nudo en el estomago difícilmente disimulable, me giré al tener los ojos de ambas sobre mí.
– ¡Qué susto chico! –dijo Erika ¿Estás bien?
–  ¿El qué, perdón?
– Que si estás bien? ¿Se ha roto algo? ¿Te has cortado?
– No, no. Todo bien.
– Como todo lo hagas igual con las manos, chico, tienes un problema ¿eh? –dijo Pili, y ambas comenzaron a reír.
Dolido, herido, y un tanto humillado, dejé a las dos hablando de su próxima cita con Alejandro.
La cita que le habían proporcionado mis cafés, mis atenciones, mis versos, mis palabras, y por qué no decirlo, cada uno de los latidos que habían compuesto los detalles que cuidadosamente venía teniendo con ella estos últimos meses.
Ahora ese capullo integral se irá a cenar con una mujer que no se merece y, quién sabe si algo más. Ese imbécil saldrá con la mujer de la que estoy locamente enamorado…
Continuará
 

J.C. Sánchez ha escrito y publicado varios libros, colabora en varias revistas literarias y ademas presenta un programa en la radio.